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Carme Portacelli: “No quiero que nadie se quede sin ir al teatro por problemas económicos”

Carme Portaceli (Valencia, 1957) tiene claro su plan como nueva directora del Teatro Español. Es ambicioso y puede sonar arriesgado, pero la encargada escénica toma las riendas del espacio madrileño con el objetivo de convertirlo en un teatro para la gente, en el que “nadie se quede fuera”.

Portaceli ha presentado este miércoles un proyecto de futuro que quiere abandonar el pasado. Trabaja a contrarreloj para tener lista la nueva programación del emblemático escenario. Cuenta con poco tiempo tras una elección marcada por el despido del anterior director de la institución, que se quedó descabezada durante meses.

Con más de 60 obras a su espalda y una larga trayectoria en la que ha recibido numerosos premios, la también vicepresidenta de la Academia de las Artes Escénicas desgrana en una entrevista sus planes para el Teatro Español.

En Barcelona, donde ha desarrollado gran parte de su carrera, trabajó con gente como Àlex Rigola, actual director de los Teatros del Canal. ¿Cree que ha habido un movimiento de talento de ciudades como Barcelona y Valencia hacia la capital?

Creo que en realidad eso es lo normal en la cultura porque para tu trabajo no es importante dónde hayas nacido. Como diría Pérez Andújar, “es una cosa que hice cuando era muy pequeño y yo no tengo culpa”. Es decir, es lo habitual.

Si tú ves quiénes son los directores de los mejores teatros de Europa, además de ser la gran mayoría hombres, prácticamente ninguno es de la ciudad donde trabajan. Dónde hayas nacido no es lo importante, lo significativo es el lugar en el que uno se desarrolla. En mi caso he trabajado mucho en Madrid estos últimos tiempos y es una ciudad que me parece vivísima. Así que estoy encantada de estar aquí y dirigiendo nada menos que el Teatro Español.

¿Ejerce aquí en Madrid la Vicepresidencia de la Academia de las Artes Escénicas?

Claro, sí. Vengo aquí cada dos por tres por las reuniones y gestiones necesarias. Alguna vez me coincide con una obra que estoy montando y es más difícil. Pero sí, el AVE y yo somos ya casi íntimos amigos.

Después de haber trabajado durante años en la capital catalana, ¿en qué momento decide embarcarse en este proyecto y por qué?

Empecé muy joven, llevo ya 62 espectáculos a mi espalda y mi carrera es muy larga, lo que me ha permitido vivirla desde muchos lugares. He trabajado sin recursos, lo que me ha enseñado a optimizar. He trabajado con bastantes medios, lo que me ha mostrado cómo valorar lo que tienes cuando lo tienes. He montado desde un camerino hasta una taquilla en lugares en los que no había ni una cosa ni la otra. Todo eso me ha ayudado a empatizar con cualquier persona del teatro porque sé lo que es sufrir la precariedad y también trabajar holgadamente. Y eso me impide juzgar desde cualquier punto de vista a todos los sectores.

También, tantos años trabajando en esto me han permitido viajar y conocer todo tipo de modelos. He vivido en Londres, en París, en Berlín y eso me ha abierto la mente a formas dramáticas del siglo XXI, a otras corrientes europeas.

Todo eso ha hecho que en un momento dado yo tuviera ilusión por dar un paso más dentro de mi carrera como directora. Y creo que dirigir un teatro siempre es un reto, pero también un sueño: pensar que las cosas podrían ser como tú las ves y que la ciudadanía a la cual tú perteneces reaccionase ante lo que tú crees que es el teatro y lo que crees que es el pulso social y escucharlo. Es algo muy importante.

Ha sido un paso más en su carrera.

Claro. Yo me presenté a esto y me dijeron que estaba preseleccionada. Así que tenía que hacer un proyecto para ser seleccionada. Éramos tres más y si te digo la verdad lo primero que pensé fue: me he fastidiado el verano. Pero me puse a trabajar mucho y lo hice. De repente, gané y entonces me asusté.

Emocionalmente, es un momento fuerte, y tienes miedo porque una responsabilidad como esta impone. Hablamos del Teatro Español, que está aquí desde 1582 y es todo un honor y un reto. Pero hay que hacer una cosa muy bien hecha, transparente, responsable y atendiendo a la ciudadanía.

¿Cómo cree que puede transportar ese pulso social que menciona hasta las tablas del Teatro Español?

De muchas maneras. Creo que se basa en reconstruir una lectura plural de nuestro repertorio como teatro. No puede ser que se crea que nuestro repertorio es sólo de una manera. Tenemos que cambiar esto, desde el siglo XXI y desde todos los artistas y sus distintos puntos de vista.

Si uno programa Hamlet, tiene infinidad de versiones de Hamlet, no se puede limitar el espectro a sólo un tipo de visión. Un creador joven puede hacer una obra de la situación de la juventud, otro un drama psicológico y otro una obra sobre la corrupción. Depende de los artistas a los que programes y de su visión. Como diría Brecht: “Depende de dónde subrayes”.

Lo que está claro es que nuestro repertorio tiene que soportar distintas lecturas y la del siglo XXI es fundamental. Si sólo hacemos las cosas como las hacían en los años 40, es imposible. La búsqueda de formas dramáticas del siglo XXI nos beneficiará para ir a Europa y exponer talento.

Y por otra hay un trabajo con la ciudadanía para ayudar a enriquecer su mirada como espectadores. El teatro es un lenguaje y hay que enseñar a la gente que puede ser así. Mostrándoles que hay muchas maneras de ver las cosas… eso es el pulso social: hacernos eco de la diversidad y eliminar las barreras que nos separen de gente.

Y de cara al programa que está preparando, ¿cómo describiría las líneas fundamentales de lo se verá en el Teatro Español?

Yo basaba mi programación en siete ejes que considero básicos. Uno era una temática transversal que no tiene por qué estar en todas las actividades que se hagan en el teatro, pero sí que muchas cosas confluyan en esta temática, desde conferencias hasta lecturas dramatizadas.

Otra línea fundamental era lo que yo llamaba “De Madrid al mundo y del mundo a Madrid”, es decir estar en contacto con Europa, hermanarnos con otras ciudades y teatros para poder mover obras allí y que otras compañías vengan aquí.

Otro eje consiste en descentralizar los estrenos fuera de Madrid. Eso nos obligaría a apostar por la política de coproducción para ayudarnos económicamente pero también para salir de Madrid y que puedas vertebrar una industria de esos eslabones que dependen del teatro para vivir no se rompan, que están medio rotos porque nadie tiene un duro para nada.

Además tenemos algo que yo llamo 3D. Se trata de hacer una producción directa de tres dramaturgos contemporáneos que tienen que trabajar en este teatro a lo largo del año para estimular la creación contemporánea.

Suena ambicioso.

Hombre, pues sí. Pero es que ahí no termina. También queremos dedicar una época del año al teatro emergente y me apetece hacerlo como una especie de okupas: que durante una semana se abra todo el Teatro Español para hacer lo que la gente quiera.

Luego, es importante una línea pedagógica destinada a los futuros espectadores y espectadoras que ahora están en edad escolar para que vengan aquí a experimentar el teatro, a trabajar como ellos decidan e incluso haciendo una determinada obra con la que vengan amigos, familiares y vecinos. Eso también es un público potencial.

Además de la inclusión, empezando por ofrecer una sesión a la semana subtitulada en inglés pero que eso sólo sea el principio. Hay que potenciar sesiones para invidentes, sordomudos y funciones de todo tipo con precios especiales para gente con riesgo de exclusión, familias monoparentales, para parados… No quiero que nadie se quede sin ir al Teatro Español por problemas económicos o sociales. Nadie que quiera venir puede quedarse fuera.

Y por último ejercer de punto cultural con actividad constante. Hay que traer a otro público con conferencias, música golfa, poesía slam, talleres, clases magistrales…

¿Cuál es el punto de partida? ¿Qué situación se ha encontrado al llegar al Teatro Español?

Pues me he encontrado con alguna gente que acabo de conocer hoy mismo. Son grandes profesionales y sé que estarán a mi lado con esto. Sé que podemos podemos conseguirlo aun sabiendo que cuento con un determinado presupuesto. Ahora voy a hablar con mis compañeros de guerra para ver hasta dónde podemos llegar.

Para mí lo más básico es la urgencia de que estamos en octubre y en enero hay que programar. Pero es que además estamos trabajando con proyectos de cara a 2018 y 2019… lo que estamos haciendo es trazar las líneas generales del nuevo proyecto y como decimos en catalán, ‘ens en sortirem’ [nos las apañaremos].

Pero el Teatro Español ha estado descabezado durante meses. ¿Cómo afecta su llegada a la programación?

Yo acabo de llegar y mi cometido es empezar la programación en enero y es lo que voy a hacer. Pero eso estaba en las bases del concurso, ¿eh? La programación del teatro va a seguir como estaba y mi proyecto arrancará en enero. Si llego, porque enero ya está ahí. Digamos que estamos en la fase en la que me reúno y hablo con toda la gente para explicarles mi proyecto y apoyarme en la gente que trabaja aquí. Pero ya estamos trabajando en muchas cosas, porque si no, veo que no llego.

Un teatro tiene que ser un espejo de la realidad. Y en la realidad hay hombres y mujeres. Así que si eso no pasa entre estas paredes… ¿qué especie de espejo seríamos?

Ha comentado también que uno de los fundamentos en los que se basa su proyecto es la paridad. ¿Cómo la pondrá en marcha?

No es cuestión de ideas. Yo soy mujer y a lo largo de mi carrera he vivido discriminación, muchas veces inconsciente, por el hecho de serlo. Todas las mujeres lo hemos vivido. Y hay muchas mujeres que escriben, que dirigen y valen mucho pero que no gozan de la visibilidad que han tenido los hombres siendo igual de buenos. Y el Teatro estará atento a ellas, simplemente.

Es básico, un teatro tiene que ser un espejo de la realidad. Y en la realidad hay hombres y mujeres. Así que si eso no pasa entre estas paredes, ¿qué especie de espejo seríamos?

Recientemente Tragycom publicó un estudio que afirmaba que sólo el 23% de las obras de teatro en cartel en España están escritas por mujeres. 

Pues 23% me parece mucho. Creo que podría ser incluso menos, pero también depende mucho de las comunidades. Yo te diría que la única Comunidad Autónoma que de verdad goza de paridad es Euskadi. Madrid empieza ahora y Barcelona en ese sentido se encuentra en una visible desventaja.

Eso me lleva a reafirmarme en otro pensamiento: hay que hacer un estudio de género de verdad impulsado desde las instituciones, con una metodología exacta en toda España. Es imprescindible para abordar ese problema de manera sincera y basándose en la realidad. Y basarnos en hechos para decir ‘en nuestro país hay un 0,001% de mujeres que dirigen óperas’, y poder reaccionar para que en cuatro años eso se convierta en un 10%. No puedes pasar del 0,001% al 50% del tirón. Hay que saber hacia dónde tenemos que ir. En este sentido el Teatro ayudará a visibilizar ese talento.

Y de cara a los meses que quedan ¿se sabe ya cuál será la carta de presentación del nuevo Teatro Español?

No te lo puedo decir aún. Hay varias ideas pero no es fácil gestionarlas para enero porque el calendario viene muy ajustado. Puede que lleguemos pero también puede que tengamos que retrasar un poco lo que yo consideraría el escopetazo de salida. Pero a pesar de todo, lo que se haga en enero marcará la tónica de lo que yo creo que tiene que ser el futuro.

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